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Nosotros, que somos de Gárate.

 
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miquelino
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 2:14 pm    Asunto:  Nosotros, que somos de Gárate. Responder citando
Seguro que más de uno os sentís identificados, especialmente Barrachina. Por lo que le he leído hasta ahora no me ha quedado claro de qué equipo es pero ahora creo que más que del Athletic o de Osasuna, él es de Gárate.

Aquí para leerlo más cómodamente.

Cita:
Nosotros, que somos de Gárate



Algunos, nosotros, que somos de equipos distintos e incluso aficionados a deportes diferentes, somos de Gárate. De Gárate, sí, de ese delantero exquisito que no celebraba los goles por respeto al portero batido, que no cometía faltas y que fue expulsado una única vez en su carrera en un lance que los viejos del lugar recuerdan como una de las mayores injusticias de la historia junto con el ensalzamiento del presunto talento de Miguel Bosé. De Gárate, sí, de ese jugador elegante y discreto, ingeniero industrial con aspecto de ser pareja de timba de David Niven que convivía con naturalidad con compañeros de equipo con aspecto de ser fans de Thin Lizzy. De Gárate, sí, ese jugador al que se despidió con admiración y naturalidad presenciando algo tan impensable hoy en día como un partido entre el Atleti y la selección del País Vasco. De Gárate, sí, de Gárate, de José Eulogio Gárate.

Nosotros, que somos de Gárate, sentimos rubor y rabia cuando vemos jugadores teatreros y tramposos, cuando vemos celebraciones ridículas con bailecitos e imitaciones a los humoristas más casposos del momento. Nos ofende ver a deportistas profesionales poniendo cara de Ecce Homo ante un leve contacto físico, y nos irrita ver cómo los árbitros toleran ciertas cosas y hacen un escándalo por otras, sintiéndose protagonistas y vedettes. Nos molesta el fútbol rácano y ventajista, nos aburre el juego especulador e interesado, nos dan ganas de dar capones a los recogepelotas que pierden tiempo y de ponerle las peras al cuarto a esos delegados de campo que devuelven balones pinchados. Nos gustan los partidos jugados de tú a tú, con ganas y con ambición, esos partidos que acaban con jugadores agotados y satisfechos a pesar de la derrota o además de la victoria, que se dan la mano y la enhorabuena y se dicen que fue un placer jugar contra un tipo tan aguerrido. No concebimos que los futbolistas no suden o no aparenten ganas de querer ganar, que desprecien a su propia afición o que den lo mejor de sí mismos sólo antes de una renovación. Nos irritan las chulerías de los que no tienen motivos más que para pedir perdón, y sólo toleramos los desplantes justificados de los más grandes, y ni de todos ni siempre: entre estos, que quede claro, no está Cristiano Ronaldo y sí está George Best. A nosotros, a los que somos de Gárate nos gustan estas cosas y eso que algunos tenemos más años que la radio de galena y otros somos unos chavalines, qué quieren Vds que yo les diga.

Nosotros, que somos de Gárate, no concebimos que se hagan trampas, menos aún que se hagan a la vista de todos y que se camuflen y se aplaudan cuando las hace aquél que interesa que las haga. Creemos en la caballerosidad y en la torería, en las disculpas por esa patada que no se quería dar, en el respeto al rival y al club y afición visitantes. Sabemos que la caballerosidad no es imbecilidad, y que uno puede ser un gentleman y a la vez intransigente con el que pretende tocarle las narices. Esto es, sabemos que lo cortés no quita lo valiente. Aún recibiendo un gol compartimos la emoción cuando el rival que marca lo dedica a un amigo recién desaparecido, y no nos parece mal que se aplauda una buena jugada o un buen partido del oponente que nos acaba de meter en problemas: ellos luchan por lo suyo y si lo hacen en buena lid y con honestidad no entendemos por qué hay que acordarse de su Sra madre. Admiramos a deportistas de todas las disciplinas, nos ponemos en pie ante despliegues de esfuerzo, sufrimiento y coraje aunque se trate de especialidades deportivas de las que no tenemos mucha idea. A muchos les parecerá que todas estas cosas son unas tonterías de las gordas, pero es que nosotros somos de Gárate y ellos no.

Nosotros, que somos de Gárate, pensamos que eso de ganar por ganar no lo es todo y, desde luego, no es lo nuestro. Nos gusta que el equipo rival venga con sus mejores jugadores y nos gustan los desafíos complicados. Pensamos que hacer equipos a fuerza de dinero es una forma triste de comprar la gloria y nos gustaría que en nuestro equipo hubiera canteranos, gente que supiera cuál es el carácter del club y de su gente. Nos gustaría que en nuestro club se retiraran los jugadores emblemáticos con emotivos partidos homenaje tras años de leal carrera, y no por la puerta de atrás aprovechando que no hay partido esa semana, y soñamos, como hacen por el Mersey, con un equipo formado por once jugadores que sean al nuestro lo que Carragher al suyo. Nos gustan las camisetas simples y antiguas, las equipaciones reconocibles y el respeto a los colores del equipo, y por tanto nos avergüenza la profusión de equipaciones suplentes de colores imposibles y lunares y topos y cuadraditos que salen de las mentes enfermizas de diseñadores de ropa deportiva sin idea alguna de lo que es un equipo de fútbol. Nos emocionan las tradiciones verdaderas y nos producen cierta urticaria las celebraciones forzadas y programadas, ausentes de toda espontaneidad y naturalidad, sean nuestras o de otros. Porque nosotros, que hemos visto a Gárate, nunca hemos necesitado que nadie nos dijera dónde o cuándo celebrar los triunfos de los nuestros, que para eso somos de Gárate, oiga.

Nosotros, que somos de Gárate, despreciamos el modelo actual de sociedad anónima deportiva basado única y exclusivamente en criterios mercantiles y cortoplacistas, en sacar el máximo rendimiento de lo que se tiene aunque esto se haga en claro menoscabo de la identidad del club, y de la afición, y del proyecto deportivo. Nos irritan los clubes obsesionados con el lenguaje de la mercadotecnia y la empresa que instalan en sus estadios restaurantes y concesionarios y oficinas de correos y tiendas de picaportes para así sacar partido al alquiler de cada centímetro cuadrado del estadio que pagaron los socios. Nos revuelven las tripas los directivos del fútbol actual, y sus modales zafios y su obsesión por hacer negocios a costa de la fidelidad de muchos aficionados que para ellos no son más que clientes cautivos, clientes movidos por un sentimiento que los directivos no llegarán nunca a compartir ni mucho menos a entender. Sentimos algo de vergüenza ajena por esos turistas que, sin entender nada, visitan los estadios y compran camisetas oficiales como visita obligada en su periplo por la ciudad de los equipos cuyos egos inflan, así, para contar a los vecinos que se sentaron en el banquillo que calienta esa estrella maleducada con gafas de sol de pantalla que si le viera en un aeropuerto miraría para otro lado para no dedicarle ni un segundo de su corrompido tiempo. Nos dan que pensar algunos de los museos de ciertos estadios y su similitud con el British Museum, no por la solemnidad ni por la riqueza de la colección sino porque buena parte de la misma se cogió sin permiso y sin merecerlo. Porque eso, cuando uno es de Gárate, es algo impensable.

Nosotros, que somos de Gárate, somos aficionados y por ello entendemos a los nuestros y a los otros. Nos gusta la sensación de pertenecer a una hinchada y curiosamente ésta nos avergüenza en ciertas ocasiones, aunque son más las veces que nos hace sentirnos orgullosos. Creemos que la mejor manera de servir a la afición es siendo irreprochables embajadores del Club, aunque sabemos que hay quien prefiere ir al estadio vestido de torero o a romper sillas, qué le vamos a hacer. Pensamos que los clubes son importantes para la gente: creemos que son lo suficientemente importantes como para irritarnos con esos aficionados que creen que su misión en la grada se acaba cinco minutos antes del final, cuando se van para no pillar atasco. Eso sí, pensamos que nuestros equipos nunca son lo suficientemente importantes para darse de tortas con el aficionado rival, ni si quiera para saltarse las nobles normas de la caballerosidad. Nos gusta seguir a nuestro equipo a otras ciudades, hablar con sus aficionados y comer en los restaurantes que éstos nos recomiendan. Nos gusta discutir de fútbol y de lo que se tercie, y nos irritan aquellos que, propios o ajenos, rebajan la conversación al nivel de Perogrullo sólo para poder decir la última palabra o creer que tienen razón. Nos gusta que se nos reciba bien y por tanto procuramos recibir bien a los que vienen. Admiramos a las aficiones vehementes, leales y comprometidas, sobre todo a las que demuestran ingenio y retranca, y valoramos por encima de todo las buenas maneras y la corrección. Envidiamos a las pacíficas y enérgicas aficiones de los eventos de rugby, y la amable convivencia de las aficiones de equipos de baloncesto y, eso sí, nos preguntamos por qué los partidos de fútbol conllevan tal cantidad de broncas y gritos ofensivos cuando los protagonistas de las mismas se comportarían con más estilo si acudieran a un partido de otro deporte. Y todo esto nos pasa porque, como somos de Gárate, lo que nos gusta es el deporte y no lo llevamos más allá, y no es poco.

Nosotros, que somos de Gárate, somos de Gárate pero no somos tontos y sabemos perfectamente que todo esto no cabe en el mundo de hoy sin que a uno le consideren un idiota; y aún así, nos da exactamente igual, porque somos de Gárate y tenemos las cosas claras y nos sentimos cómodos siendo minoría y de hecho nos encontraríamos mal siendo parte de la masa. Y aunque sabemos que tener muchos principios y mantener los modales es algo que le pone a uno con frecuencia en situación de parecer el más tonto de la reunión, lo tenemos más que claro y hasta presumimos de ello. Y como muchas veces nos hemos enfrentado a la pregunta esa de ah listo y tú qué harías y hemos oído eso de que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, listillo, tampoco nos atormenta la cuestión. Y todo eso por algo muy sencillo, algo muy básico, algo fácil de entender: pues porque somos de Gárate, oiga, de Gárate. Ni más ni menos.

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Barrachina
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 2:36 pm    Asunto:   Responder citando
Pues sí; ciertamente yo soy admirador de JosÉ Eulogio Gárate. Y me parece muy bien todo lo que dice el manifiesto. Aunque, en realidad, yo soy más de los hermanos Rojo. Siempre me ha atraído su clase y soy de los que decía: "Si no juega Rojo, no hay nada que hacer." Creo que debía haber sido más aprovechado, en su equipo y en la selección, aunque cumplió con creces cuando jugó.
Luego, de entrenador, no tuvo tanta suerte, y tuvo la desgracia de caer en Osasuna, donde la afición no soportaba tener como entrenador a uno de Bilbao. Ya desde el primer día le echaron el mal de ojo, y no terminó la temporada.
También José Francisco ( Txetxu) Rojo era un caballero en el campo y fuera de él.
Ver enlace: http://futbol.sportec.es/seleccion/ficha_jugador.asp?j=562

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miquelino
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 2:52 pm    Asunto:   Responder citando
A ese tampoco le vi jugar pero estoy seguro de que sería también de ese mismo tipo de jugador. Otro más de los jugadores nobles y deportivos que ha dado la cantera vasca y que son unos cuantos.

Al final va a resultar que tenía algo de razón Sabino Arana cuando hablaba de la naturaleza noble de los vascos. Rolling Eyes

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Midlife Crisis
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 2:58 pm    Asunto:   Responder citando
La mayoría de jugadores vascos eran unos partepiernas, la elegancia y el estilo se llaman:

Zinedine Zidane.

Hasta para dar cabezazos tenía estilo este hamijo.

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miquelino
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 3:12 pm    Asunto:  Re: Responder citando
Midlife Crisis escribió:
La mayoría de jugadores vascos eran unos partepiernas, la elegancia y el estilo se llaman:

Zinedine Zidane.

Hasta para dar cabezazos tenía estilo este hamijo.


Una cosa es la contundencia y otra que un día tuvieran mala suerte y se llevaran por delante a Maradona, como lo que le pasó a Goicoechea. Algo de lo que tendrá que oír hablar hasta el fin de los tiempos. Pero no me parecen leñeros. No recuerdo así a los Larrañaga, Górriz, Gajate, Alexanco, el propio Goicoechea...

La dureza en el juego puede entrar dentro de lo deportivo. Lo violento es liarte a patadas con un jugador del Getafe tirado en el suelo. Eso sí es antideportivo.

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Midlife Crisis
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 3:14 pm    Asunto:   Responder citando
Quizás es injusto pero es la imagen que se han ganado, no puedo hablar de jugadores que no he visto jugar pero los actuales jugadores vascos son todo menos elegantes. No digo que sean violentos ni nada, Javi Martínez, mediocentro del Ahtletic, es muy bueno.

O el propio Llorente.

Lo que sí ha producido Euscalerría son siempre buenos porteros.

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Carlos Galván
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 4:46 pm    Asunto:   Responder citando
Un respeto Midlife, tu eres joven, pero yo he visto jugar a López Ufarte, Zamora o Diego, así que un respeto a la cantera Guipúzcoana, la cantera vasca me da igual, eso no existe.
En Vascongadas, cada equipo tiene su cantera, es como si llamamos cantera catalana a la del Español y el Barcelona como si fueran lo mismo.
Bueno que me lío recordando a mi Erreala..
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alfredo
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 6:56 pm    Asunto:   Responder citando
Lo mismo que se habla de Gárate y del deporte, se podría hablar de Gárate y el resto de cosas en el mundo, porque lo que ahí se dice, se puede aplicar a todos los aspectos de la vida, sobre todo a la economía.

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La obra más grande de un hombre es su servicio a los demás. Sófocles.
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Barrachina
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MensajePublicado: Lun 26 Abr 2010, 8:07 pm    Asunto:   Responder citando
El problema de los jóvenes aficionados al fútbol, es que no vieron fútbol cuando éste era un auténtico deporte, y no una fábrica de dinero o un negociete para vivir del cuento o de las comisiones.
Midlife es muy joven. Solo ha visto un espectáculo originado por un antiguo deporte de caballeros.
La cantera vizcaína, que es mucho más que simplemente Lezama, que es bastante moderna; se ha caracterizado siempre por el buen tratamiento del balón.
Era en la defensa del Real Madrid donde se confabulaban los centrales rompepiernas con los árbitros permisivos con los blancos.
Yo he estudido en Madrid cinco años, y asiduo a las tardes del Manzanares y de Chamartín ( me niego a denominar los estadios con los nombres de presidentes millonarios). Recuerdo perfectamente los gritos de la grada: " Benito, mata". ¡Anda que no repartían estopa Zunzunegui, Pachín, De Felipe, Zoco, Sanchís,..., así hasta llegar a Hierro.
Por no hablar de los colchoneros: Griffa, Pereira, Panadero Díaz, Simeone,...¡Vaya cantera!,..., del otro lado del charco, claro.
Simplemente recordar a dos de las "perlas" de la cantera vizcaína que vieron frustradas sus carreras por rompepiernas: Lavín, habilidoso y rápido extremo izquierda que debutó con 17 años y Javier Clemente, interior izquierdo, fino y técnico, de buen toque. Ambos se cruzaron con leñadores en su camino de cuyos nombres no quiero acordarme...

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miquelino
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MensajePublicado: Mie 28 Abr 2010, 1:14 pm    Asunto:  Re: Responder citando
Midlife Crisis escribió:
Quizás es injusto pero es la imagen que se han ganado, no puedo hablar de jugadores que no he visto jugar pero los actuales jugadores vascos son todo menos elegantes. No digo que sean violentos ni nada, Javi Martínez, mediocentro del Ahtletic, es muy bueno.

O el propio Llorente.

Lo que sí ha producido Euscalerría son siempre buenos porteros.


Lo de la elegancia es otro tema. No todos pueden ser Laudrup. Pero un jugador puede ser tosco y un ejemplo de deportividad al mismo tiempo.

En el caso del fútbol vasco (de origen, aclaro) el estilo ha tendido siempre al fútbol de esfuerzo más que de toque. Ahora vendrá Barrachina hablando de Clemente y la fastidiamos. Pero a mi me parece que esos casos pueden ser excepciones y que allí el estilo que se impone es ese. Y eso no es ni bueno ni malo. Será poco elegante pero tiene su público y puesto que entra dentro de lo deportivo, tiene que valer y ser respetado.

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Barrachina
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MensajePublicado: Mie 28 Abr 2010, 1:23 pm    Asunto:   Responder citando
Un respeto para Javi, que os va a salvar la categoría a los de Pucela este año.
Hay que distinguir a Clemente como jugador y como entrenador. Como jugador era un fino interior izquierdo, que tocaba la pelota como pocos y jugaba con gran inteligencia, ya que era pequeñito; con Rojo formaban un ala izquierda de mucha categoría en aquel equipo que estuvo a punto de ganar la liga ( quedaron segundos, tras el Atletico de Madrid), con Ronnie Allen en el banquillo. Un defensa leñador le rompió la pierna en varios trozos y ya no volvió a jugar.
Luego, como entrenador, ha ganado dos ligas seguidas, con el Athletic, y tiene un historial como seleccionador de no te menees. Ahora, tuvo los huevos de enfrentarse al grupo Prisa, y fueron a por él.
Como todo buen entrenador, Clemente se adapta al equipo que tiene. En Valladolid sabe que tiene que amarrar atrás, y amarrará lo que haga falta. Si entrenase al Real Madrid o al Barcelona, sería campeón de Europa, sin duda; y de Liga y Copa.
Y si fuese seleccionador, con la generación que hay ahora, jugaría al ataque y sería Campeón del mundo, o casi, dependiendo de la suerte contra Brasil.

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miquelino
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MensajePublicado: Jue 1 Mar 2012, 4:00 pm    Asunto:  Re: Responder citando
Barrachina escribió:
Un respeto para Javi, que os va a salvar la categoría a los de Pucela este año.
Hay que distinguir a Clemente como jugador y como entrenador. Como jugador era un fino interior izquierdo, que tocaba la pelota como pocos y jugaba con gran inteligencia, ya que era pequeñito; con Rojo formaban un ala izquierda de mucha categoría en aquel equipo que estuvo a punto de ganar la liga ( quedaron segundos, tras el Atletico de Madrid), con Ronnie Allen en el banquillo. Un defensa leñador le rompió la pierna en varios trozos y ya no volvió a jugar.
Luego, como entrenador, ha ganado dos ligas seguidas, con el Athletic, y tiene un historial como seleccionador de no te menees. Ahora, tuvo los huevos de enfrentarse al grupo Prisa, y fueron a por él.
Como todo buen entrenador, Clemente se adapta al equipo que tiene. En Valladolid sabe que tiene que amarrar atrás, y amarrará lo que haga falta. Si entrenase al Real Madrid o al Barcelona, sería campeón de Europa, sin duda; y de Liga y Copa.
Y si fuese seleccionador, con la generación que hay ahora, jugaría al ataque y sería Campeón del mundo, o casi, dependiendo de la suerte contra Brasil.


Se me había pasado este comentario... A lo mejor se entendió mal pero lo que quise decir era precisamente que Clemente sí era de esa clase de jugadores más técnicos y habilidosos, por lo que tengo entendido. Y que por eso era de los que rompían un poco con ese tipo de fútbol caracterizado más por el físico que se jugaba en el norte, tanto de España como de Europa.

Al final lo de salvar al Pucela no pudo ser y ahí seguimos, a ver si este año... Pero no hubiera hecho falta para ganarse mi respeto. No soy de los que tienen esa imagen tan mala de Clemente. De hecho, en su época de seleccionador siempre fui un defensor suyo y frente a las críticas que tanto le hacían siempre respondía que si muchos de los mejores jugadores estaban en el Barça y eran vascos, eran esos los que tenían que ir. Que además fueran amigos de Clemente era otra cosa mucho más secundaria. Lo que importaba era que la selección funcionase y si no llega a ser por los fantasmas de siempre, la mala suerte y un codazo... ¿quién sabe cómo hubiera acabado aquel mundial del '94?

Hasta a Salinas defendía recordando que si fuimos a aquel mundial fue gracias a sus goles en Irlanda. Se ve que me gustan las causas perdidas... risagris

Por último, otro artículo sobre Gárate. Este es de Uría, uno de los mejores periodistas que hay ahora mismo y que tiene una pluma fantástica. Da gusto leer artículos así de vez en cuando con los que poder seguir creyendo en el fútbol y en el periodismo asociado a él.

Cita:
Rubén Uría: Gárate, el primer caballero
Posted by Rubén Uría



Érase una vez un futbolista, allá por los años setenta, que, de haber nacido en Inglaterra, habría sido nombrado ‘Sir’ por Su Majestad la Reina. Aquel señor, amable, cortés, educado y discreto, disparaba las ilusiones del alma cuando vestía calzones cortos. Llevaba bordado a mano, en el pecho, un oso y un madroño, cosido a la espalda un número, el nueve, y era delantero centro del Atlético de Madrid. Un equipo que entonces no andaba pendiente de si a su estrella se vendía a otro club, más grande, porque entonces el Atlético era un grande. Aquel señor, el yerno deseado por todas las madres, el hombre al que uno siempre le compraría un coche de segunda mano sin desconfiar, representaba era una forma de vida, la caballerosidad. Los valores. Él, que coleccionaba moratones en sus piernas y fabricaba goles de museo, fue protagonista de cuentos heredados de padres a hijos, de goles con entradilla de “papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito“, hasta hacerse un sitio entre las familias colchoneras. José Eulogio Gárate, el hijo de Crispín, que arreglaba bicicletas, disciplinaba a las musas a base de goles y conducta ejemplar. Fue el último gran héroe de la hinchada del Atlético, su gran orgullo, el primer caballero del fútbol español. Sinónimo de la palabra elegancia, Gárate jugó a fútbol con esmoquin. Hoy camina por la vida de frac.

Hijo de españoles que emigraron a Argentina por motivos laborales, José Eulogio nació en el cinturón bonaerense de Sarandí, hasta que su familia regresó a España, al País Vasco. Los Gárate se afincaron en Eibar, su hijo se matriculó en Las Mercedarias y comenzó su andadura futbolística en los juveniles del club armero, en el que permaneció hasta su mayoría de edad. Cuando cumplió los dieciocho, mientras estudiaba ingeniería en Bilbao, un conjunto local de Tercera División decidió apostar por él. Aquel equipo era el Indauchu, de categoría amateur, en el que Gárate pudo completar el rodaje de su motor como goleador elegante. Aunque él era, en aquel entonces, hincha del Athletic. “Mi infancia la pasé en el norte y el Athletic fue mi equipo en aquellos momentos. Me gustaba mucho Garay, defensa central y el portero Carmelo, con el que tuve la oportunidad de enfrentarme en Sarriá en un Atlético – Español. Me tiraban mucho los leones”. Fernando Daucik, técnico del Indauchu, sabía que tenía un diamante en su equipo. Que aquel estudiante de ingeniería llegaría muy lejos. Tanto, que le preparó una prueba para que le echaran un vistazo los ojeadores del Atlético de Madrid, que no atravesaba una buena etapa financiera y necesitaba agudizar el ingenio para reclutar nuevos talentos. “Tengo aquí a alguien que os dejará impresionados”. En 1966, gracias al ojo clínico de Daucik y a otro ilustre de los banquillos, Domingo Balmanya, el Atlético hacía oficial la contratación de José Eulogio Gárate. “Estaba estudiando la carrera de Ingeniería, estaba en tercer curso. En aquella época el Atlético había sido campeón de Liga y tenía un equipo repleto de internacionales. Llegué con el pensamiento de ser suplente y ver a mis ídolos”. Se equivocaba. De medio a medio. El vestuario le recibió con los brazos abiertos y en tiempo récord cayó de pie entre los pesos pesados del Atlético. Introvertido, callado y respetuoso, se integró desde el primer minuto. “Menudo vestuario había en el Atlético. El jefe era Jorge Griffa, del que aprendí muchísimo. Me ayudó con los compañeros y me enseñó a sentir el fútbol y aprender a ganar. A tener mentalización”. Tras un par de partidos, se ganó la titularidad. Después, Gárate no sólo sería un buen delantero, sino que se convertiría en el mejor ‘nueve’ de la historia del Atlético, en un mito del fútbol español.

A caballo entre los sesenta y hasta bien entrados los setenta, el Atlético viviría días de vino y rosas. Con Gárate como estandarte del fútbol de altos vuelos, el Atlético cimentó una leyenda de gloria y contragolpe. Primero con gestas esculpidas en oropel, con nombres propios como Adelardo, Collar o Luis Aragonés. Después, con partidos épicos, de fútbol total y de historias con letras de oro, escritas con pie y letra de futbolistas de primer nivel como Irureta, Leal, Salcedo o Reina. Con José Eulogio Gárate como icono del fair play y de la elegancia en estado puro, el Atlético estiró el chicle de su grandeza hasta cotas inimaginables. Desplazó al Barça y amenazó el trono del Real Madrid. Con Gárate como santo y seña, la afición del Atlético disfrutó de un equipo eléctrico. “En aquella época, en cuanto a estilo, nosotros ya éramos muy contragolpeadores. Defendíamos juntos, dominábamos los espacios en el mediocampo y lanzábamos contras rápidas. Históricamente, es nuestro estilo de juego, nunca deberíamos olvidarlo en el futuro”. La era Gárate se saldó con tres Ligas, dos Copas del Generalísimo, un subcampeonato de Europa y una Copa Intercontinental de Campeón del Mundo de Clubes. Con él como referencia, como filosofía de vida, la afición del Atlético alcanzaba el nirvana. El ingeniero del gol hizo soñar al Manzanares durante once años, llenando de ilusión el Paseo de los Melancólicos. José Eulogio Gárate —‘Sir’ Gárate— consiguió ser tres veces el máximo realizador de la liga, y anotó 109 goles en 241 encuentros. De postre, adornó su currículum siendo el delantero centro titular de la selección española, donde su elegancia con la pelota también se hizo notar. El día de su debut, también. “Balmanya me hizo debutar contra Checoslovaquia. Y además, hice gol. Siempre recordaré ese día. Me hicieron un marcaje muy pegajoso, un defensa parecía chicle pegado a mi, pero tuve suerte y conseguí marcar”. Siempre tenía suerte cuando se trataba de marcar. Él lo llamaba así, suerte.

La magia de José Eulogio se acabó en la final de Copa de 1976, en un partido a cara de perro ante el Real Zaragoza, en el que anotaría un gol de cabeza, lanzándose en plancha, que arrancó una ovación del Bernabéu. Sin embargo acabaría abandonando el terreno de juego después de sufrir una entrada de Heredia, cuyos tacos le dejaron una herida en la rodilla. Jugadores, prensa y aficionados no concedieron demasiada trascendencia a aquella patada. Hasta entonces, el buenismo de Gárate había soportado estoicamente multitud de golpes, patadas, codazos y zancadillas. “A veces me dolían muchos los huesos después de los partidos, pero hoy día eso no pasaría. Hay una gran diferencia en la rehabilitación muscular de la zona, ya que el seguimiento antes no era tan completo como ahora, con las resonancias y pruebas diagnósticas. Todo diagnóstico se basaba en el tacto y era muy difícil cuando te hacían daño de verdad”. Aquella patada del jugador del Zaragoza no debía tener nada de particular, formaba parte de esa colección de moratones que las piernas de José Eulogio habían tolerado, pero esta vez no fue así. Gárate no olvidaría aquella patada el resto de su vida. No volvió a ser él mismo.



El partido ante el Elche lo confirmaría. En ese choque, El ‘ingeniero’ reaparecería, pero su rodilla no terminaba de funcionar como antes. Los médicos del Atlético le aconsejaron que se sometiera a un tratamiento facultativo, pero José Eulogio ya albergaba dentro de sí mismo el peor de los presagios. Su vieja herida de la final copera ante el Zaragoza nunca llegó a cicatrizar del todo. Un hongo acabó por afectar su rodilla y precipitó los acontecimientos. El maldito ‘Monosporium Apiospermum’ había devorado la rodilla del mejor delantero del fútbol español. Gárate, entre lágrimas, trataba de asimilar que debía colgar las botas. El Atlético de Madrid, que había fichado a dos monstruos del ‘jogo bonito’ como Pereira y Leivinha, dos que habrían formado un equipazo irresistible junto a él, se quedaba sin su emblema, sin su corazón. Todo, por un maldito hongo de nombre impronunciable. “El hongo, por lo visto, se introdujo en mi rodilla por una herida en un lance del juego, y me la infectó. Al parecer, las infiltraciones de cortisona hicieron de caldo de cultivo de esa espora y no paró de desarrollarse. Me traumatizó mucho aquello: no pude volver a jugar jamás”.

José Eulogio se despedía del área por un capricho del destino, aunque los médicos advirtieron que pudo haber sido mucho peor, porque Gárate estuvo en peligro de muerte. El delantero corrió el riesgo de padecer para siempre una enfermedad renal, a causa del abuso de antibióticos que hubo que administrarle, para combatir el hongo que le consumía la pierna. Fueron los momentos más duros de la vida de Gárate, porque incluso se llegó a especular con la posibilidad de la amputación. El hongo, el maldito hongo del nombre kilométrico, le había partido la ilusión y le había dejado el alma rota en mil pedazos. Sin embargo, logró escapar con vida de aquel misterioso hongo. Para ello, tuvo que retirarse del fútbol.

Días más tarde, con las muletas como compañeras de viaje, el caballero de la cancha se despedía de su afición en un partido homenaje. El Manzanares se llenó para ver el partido entre el Atlético —que acababa de ganar la Liga— y una selección del País Vasco. Gárate, emocionado, roto por dentro, aparecía con los ojos resecos de tanto llanto. El público del Vicente Calderón rindió tributo no sólo a un delantero centro goleador y elegante, sino a un ser humano grandioso. “Fue un día inolvidable. Iba en muletas y fue una noche de mucho agradecimiento. La afición vino a despedirme y el recuerdo fue maravilloso. Fue un homenaje precioso. Uno de los momentos más emocionantes de mi carrera”. La afición del Atlético fue la sangre que latía por las venas del corazón del que hasta entonces había sido su ‘nueve’. Aquel día se agolparon en las gradas del Manzanares, a la orilla del río, sesenta mil almas. Todas se unieron, a coro, en un grito unánime, desgarrado, agradecido, de tres sílabas:“Gá-ra-te, Gá-ra-te, Gá-ra-te…”.

Aquel día no sólo acudieron hinchas del Atlético al estadio. Abrumados por la tragedia deportiva de José Eulogio, hasta el Manzanares acudieron hinchas del Betis, del Sevilla, del Rayo Vallecano y muchos, sí, muchos, del Real Madrid. Esa fue la gran cualidad de Gárate. Su mejor secreto. La clave de su éxito. El caballero de la cancha, Gárate, fue tan temido como respetado. Tan admirado como querido. Por su afición y por sus rivales. Aquel día, el reloj de España se detuvo por un instante. Aquel día, la noche que Gárate lloró en una mezcla de rabia y felicidad, de impotencia y de alegría, España entera lloró con el nueve del Atlético de Madrid. Aquel día, toda España fue Gárate. Su inesperado adiós hizo un poco más pequeño el fútbol, y robó una parte del corazón del aficionado. Con la muerte deportiva de Gárate, una parte de la elegancia del fútbol había muerto. Una huella, una filosofía de vida. La del juego limpio. La del caballero de la cancha. La del tipo que no celebraba los goles para no ofender a los contrarios. La del que se disculpaba con los porteros rivales. La del delantero ejemplar y modélico, solo expulsado una vez en toda su carrera, por un error del colegiado Guruzeta. Gárate dejaba la imagen del yerno deseado por todas las madres. Del hijo pródigo de la afición del Atlético. Le temían muchos, pero le que querían todos. “Fui respetado porque respetaba. No iba a la guerra, iba a jugar al fútbol. Y siempre lo he entendido como un juego, respetando al contrario. Me pegaron mucho, es cierto, pero nunca devolví una patada”. ¿Nunca? “Jamás. Mis compañeros se enfadaban conmigo y me decían, pero reparte alguna hombre… Yo me encogía de hombros y les decía ¿y si les hago daño? No puedo dar patadas, no me sale”. Y nunca las dio.

A día de hoy, José Eulogio Gárate, apartado del la primera línea de fuego del fútbol, ha dado de baja su abono en el Atlético y pasa su tiempo libre paseando por el parque con sus nietas. Disfruta de la vida de sus hijos, médicos y economistas, y de vez en cuando acude a su desván para ver la camiseta que el Kaiser, Franz Beckenbauer, se intercambió con él en aquella final de la Copa de Europa un maldito San Isidro. Se siente triste por la marcha de su equipo y siente melancolía cuando recuerda ese torrente de recuerdos, ya algo borrosos, sobre su gloria en rojo y blanco. Fuera del día a día del club por su propia voluntad, no acaba de comprender la mudanza a La Peineta (“me parecerá bien si a la afición le parece bien”), no se explica la deuda del fútbol español (“con la Ley Concursal y las deudas, está la amenaza de la quiebra”) y jamás ha sido propuesto para ocupar el cargo de presidente honorífico del club (“nunca me han llamado para eso”), a pesar de que Alfredo Di Stéfano siempre defendió que no existía nadie mejor en la historia rojiblanca que Gárate para ocupar dicho cargo. “Di Stéfano dice eso porque me quiere mucho. No sé. Nunca me lo han ofrecido. El vecino cuida más esos detalles. Al final, el Madrid es el club al que aspiraríamos los atléticos en ese sentido. Aunque sea nuestro adversario y queremos que pierda, muchos atléticos deberíamos tener el sentido de club que tiene el Madrid en este tipo de cosas“. Sigue conservando una gran amistad con su ex compañero Adelardo —otro mito rojiblanco—, echa de menos a Agüero en el Atlético, se sintió afligido por la reciente muerte de Juan Carlos Arteche y sueña despierto con el regreso del que debía ser su sucesor, Fernando Torres, al Manzanares. “Estoy convencido de que Fernando volverá al Atleti. Volverá antes de lo que muchos creen”. El hombre tranquilo, educado hasta la extenuación, se siente bien pagado por permanecer en la memoria de los aficionados que le siguen parando para pedirle autógrafos. “Siempre digo que no gané mucho dinero con el fútbol, pero me siento millonario en cariño. Cómo me quiere la gente. El cariño de la afición del Atleti vale por todo el dinero del mundo”.

Hoy, su Atlético de Madrid, sometido al secuestro de su sentimiento por los ilegítimos dueños, la familia Gil, vive instalado en la mediocridad de unos dirigentes que han convertido un club histórico en una sociedad anónima histérica. Pero la afición de lo que queda del Atlético aún sigue recordando a su caballero de la cancha. A un tipo sencillo, de barrio, educado y sencillo. Sin un triste José Eulogio que echarse a la boca, el Atlético prosigue su larga y agónica travesía del desierto, donde mientras el negocio de dos sigue dando beneficios, miles de hinchas, los de Gárate, siguen recordando los viejos tiempos. En lo más alto del santoral de la sufrida afición del Atlético, José Eulogio sigue levitando sobre la memoria y los corazones de quienes tuvieron el honor de compartir su leyenda. Gárate, sentimiento rojiblanco, forma parte del recuerdo que generaciones de colchoneros transmiten, como el sentimiento de su equipo, de padres a hijos, para recordar que, antes de Gil, hubo un tiempo donde los mejores de Europa vestían de rojo y blanco. Que, en aquella época, los niños del colegio, aunque fueran del Real Madrid, querían ser Gárate en el recreo. José Eulogio, último gran héroe del Atlético de Madrid, y primer caballero del fútbol español, fue la modestia, con el nueve a la espalda. Un cromo que jamás pasará de moda en ninguna colección. Su elegancia, como sus goles, quedaron prendidos en el corazón del fútbol.



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